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Recuperar la creatividad: volver a hacer lugar para lo tuyo

Escribir sin juzgar, salir a explorar, cocinar, probar algo que da un poco de miedo. Algunas maneras de reencontrarte con la creatividad y darle espacio en tu vida.

Hace un tiempo hice un video sobre recuperar la creatividad usando un avatar digital que emulaba imagen y voz. Estaba jugando con la IA y con una posibilidad que, en ese momento, me resultaba novedosa. El resultado no salió tan bien como cuando estoy presente en el video. Como experimento, fue divertido.

Me gusta volver a él por eso. Quería hablar de animarse a crear, y estaba haciendo una prueba que todavía no sabía si iba a funcionar. Había cierta coherencia entre el tema y el intento, incluso con sus imperfecciones.

La pregunta que me interesaba entonces sigue siendo buena: ¿cómo volvemos a conectar con esa parte nuestra que tiene ganas de hacer algo, aunque nadie lo haya pedido y todavía no sepamos si va a quedar bien?

Empezar por escuchar lo que tenemos adentro

Podemos pasar tanto tiempo respondiendo mensajes, consumiendo contenido y resolviendo pendientes que después, cuando aparece un rato libre, cuesta saber qué queremos hacer con él. La cabeza sigue ocupada.

En el guion proponía dos prácticas que Julia Cameron popularizó en El camino del artista: las páginas matutinas y la cita con el artista. La primera consiste en escribir tres páginas a mano por la mañana, dejando salir lo que aparezca. La segunda, en reservar una salida semanal a solas para hacer algo que despierte curiosidad o disfrute.

Yo escribo en la computadora. Es mi adaptación, y me sirve pensar ese rato como limpiar la mesa antes de empezar a cocinar. Pueden aparecer una preocupación, una idea a medias o una lista de cosas que tengo que comprar. No hace falta que todo se convierta en literatura.

Si querés probar, podés empezar escribiendo durante unos minutos sin corregir cada frase. Ese texto es para vos; no necesita terminar en un post ni pasar por una IA para quedar más prolijo. A veces, entre tanto pendiente, aparece algo que tenías ganas de hacer y venías dejando para después.

Salir a buscar sin tener que producir

Una librería, una feria, un paseo sin rumbo, una comida en un lugar nuevo. Me interesa ese tipo de salida porque te devuelve a mirar. Podés prestar atención a un olor, a una conversación, a una combinación de colores o a una manera distinta de resolver algo cotidiano.

También podés cocinar, escuchar música que no sea la de siempre o sacar fotos con el celular. La invitación es elegir algo por curiosidad y darle tiempo. Si además sale una idea, buenísimo. Si solamente pasaste un rato agradable, también tuvo valor.

No todo lo que nos nutre tiene que convertirse en contenido. A veces una experiencia necesita quedarse un poco con nosotros antes de que sepamos qué hacer con ella.

Volver a distinguir tus gustos de tus expectativas

Hay actividades que dejamos porque alguien nos dijo que no éramos buenos. Otras, porque nosotros mismos empezamos a medir cada intento contra lo mejor que veíamos en los demás. Después de un tiempo, resulta fácil confundir «esto me cuesta» con «esto no es para mí».

Vale la pena preguntarse qué te gustaba hacer antes de preocuparte tanto por el resultado. Y también permitir que la respuesta cambie.

En mi caso fui encontrando un lugar muy propio en la gastronomía. Durante un tiempo pensé en la música, el dibujo o el ajedrez, pero fui entendiendo que algunas de esas actividades también eran formas de conectar con miembros de mi familia. La cocina empezó a ocupar otro espacio: estudiar, probar, combinar, prestar atención a lo que pasaba y volver a intentar.

No soy chef. Aun así, cocinar desarrolla una parte creativa que disfruto y que puedo seguir explorando. Me gusta recordar eso cuando aparece la idea de que primero habría que conseguir una credencial para tomarse en serio algo que nos interesa.

Hacer una prueba que dé un poco de miedo

Cuando hablo de animarse, pienso en un miedo manejable: mostrar un borrador, empezar un proyecto pequeño, grabar un video o probar una técnica que todavía no dominás.

Para mí, empezar a generar contenido fue uno de esos pasos. El avatar formó parte de esa exploración. Pude ver sus posibilidades, sus limitaciones y algo que valoro más después de probarlo: mi presencia en el video. Hay matices en la forma de contar una idea que no conseguí trasladar igual a aquel formato.

Si hubiera esperado una primera versión perfecta, no habría aprendido eso. Un experimento puede servir aunque después elijas otro camino. Lo que conviene es hacerlo lo bastante pequeño como para poder terminarlo, mirarlo y decidir qué querés probar después.

Dejar algún espacio sin llenar

En el guion hablaba de reducir el consumo pasivo de contenido. Hoy lo llevaría a un gesto concreto: guardar el teléfono durante un café o salir a caminar sin ocupar cada minuto con un audio.

Al principio puede sentirse raro. Después quizás notes algo que normalmente pasás de largo. Esa atención también ayuda a reconocer conexiones: una conversación te recuerda una idea, un sabor te da ganas de probar una combinación, una pregunta abre un proyecto.

No hace falta explicar esos encuentros como señales de un destino. Me alcanza con pensar que, cuando estamos atentos y hacemos cosas, tenemos más oportunidades de encontrar algo que nos interese.

Darle una continuidad posible

Crear también necesita un lugar en la semana. Un rato para escribir, una salida, una receta, un ensayo. Algo lo bastante concreto como para que no dependa siempre de que aparezcan ganas y tiempo al mismo momento.

Podés mirar qué prácticas te ayudan y cuáles se sienten forzadas. Si una semana no sale, ajustás. Si una actividad deja de interesarte, explorás otra. La idea es encontrar una forma de seguir haciendo, con espacio para cambiar.

Recuperar la creatividad, para mí, tiene mucho de recuperar confianza en esa relación: prestar atención a lo que te gusta, permitirte probar y aprender a convivir con un resultado todavía imperfecto. Quizá empiece por un plato, una página que nadie va a leer o un video con un avatar que no termina de convencerte.

Te dejo aquel video sobre recuperar la creatividad. Tiene algo lindo de los primeros experimentos: muestra un intento. Y a veces eso es justo lo que necesitamos para animarnos al nuestro. Un abrazo.